sábado, 29 de agosto de 2009

LA PISADA (Playa Honda)


Ella, Patricia me contó lo que le había ocurrido dentro del agua.

Era tarde, casi anochecía y curiosamente se escondía el sol por un extremo y aparecía la Luna por el otro. Se iban apagando los colores, pero reflejados por las nubes ofrecían los destellos del anaranjado en todos sus matices. Era un atardecer maravilloso.

Desde el mar caminaba hacia la orilla, cuanto de pronto creyó pisar algo blando, liso y esponjoso, viendo huir sobre el fondo una sombra en rombo pero alargada. Saltó, gritando.

Disimuló. No dijo nada de lo ocurrido en ese momento. Comentó algo más tarde que le pareció ver algo raro.

Sólo, con el tiempo me confesó que le imponía el adentrarse sola en el mar.

Le supera. Si el agua no es cristalina, se agobia. Su mente empieza a crear seres desconocidos que le tocan. Ya no disfruta de los baños al atardecer y permanece cerca de la orilla. Durante el día, con más luz, no le da tanto reparo el baño, pero aun así, algo le ronda.

Antes, me dice, nadaba horas, se adentraba en el mar en línea recta, hasta que perdía la noción del tiempo, luego volvía despacio, sin prisas, masajeada por las olas, sin miedos. Cerraba los ojos, apagaba los oídos dejando la mente en blanco, pegaba las manos al cuerpo y unía los pies; su cuerpo se hundía, lo dejaba solo hasta el máximo que podía. Se extenuaba. Agotada, de espalda flotaba con los brazos abiertos y se dejaba mecer. ¡Qué placer! Todos los músculos se relajaban. Al llegar a la orilla permanecía allí, llevada y arrastrada por las olas, no le ponía fuerza, se llenaba de arena y disfrutaba. Allí el agua poco profunda, tibia, le reconfortaba. Sólo existía ella y disfrutaba de la caída de la noche.

Ahora Patricia, mi amiga, me pide que le acompañe. Descubro el mar y sus sensaciones. Nado y me presto a compartir el mar que a ella le apasiona y le da vida. Todo por una pisada.

viernes, 28 de agosto de 2009

Vieja Reina del Mar


Soy Morena la de la escalera. Vivo feliz dentro de ella. Es mi casa.

Rompen las olas con fuerza sobre el muelle, en pleamar completamente sumergida tengo mi descanso asegurado y puedo vivir como la vieja reina de La Graciosa que soy. Pero me gusta cuando la línea del mar va dejando entrever el horizonte en su movimiento; veo todo el río con Lanzarote al fondo, el pueblo con sus casas blancas de paredes gruesas, refugio de pescadores, y sobre todo oigo cosas que me apasionan y me hipnotizan.

De noche pequeñas luces, desde el mar en movimiento y desde las casas fijas, destellan; sonidos de motor que las alimentan se oyen amortiguados por el oleaje que bate con fuerza sobre la piedra; de resto la calma es total, la luna cuando aparece, siempre majestuosa.

Es durante el día donde los sonidos me cautivan. Casi ni asomo la cabeza. Me quedo quieta, concentrada y atenta a todos ellos. Son sonidos muy variados. Me encantan cuando hablan, gritan, ríen, entonan canciones o se oye música cercana.

Mi escalera está situada cerca de la punta del muelle de Pedro Barba. Se concentra toda la vida del pueblo cerca de mi casa. Los niños juegan, los padres pasean y todos contemplan a los pescadores enfilados, con sus baldes y capturas. Todos hablan, todos se bañan, algunos pasan muy cerca de mí. Podría tocarlos si quisiera, pero me da miedo.

La música es mi pasión. Un día una vieja, vecina del pueblo, que cuidaba a su nieto, cantó una canción. Los acordes me hicieron salir de mi cueva y dirigirme obligada al lugar en donde surgía. Vi su pasión. Saqué la cabeza del mar y moví todo mi cuerpo. ¡Qué eléctrico momento! Quedé completamente apasionada.

Tuvo que haber testigo del hecho. Ahora Santiago el pescador, me canta a diario. Se pone cerca y me arrulla. He prometido ser fuerte y no salir a su canto. Espero que no lo haga junto con la vieja Amparo.

domingo, 23 de agosto de 2009

jueves, 20 de agosto de 2009

martes, 18 de agosto de 2009

Descarga de combustible en GUACIMETA


Como en un cuento que todo el mundo conoce, desde años hace que se descarga combustible para el Aeropuerto de Lanzarote desde el mar, con los graves perjuicio que supone o pueda suponer para la Isla. Existe una tubería, que tocan los bañistas, que alimenta la flota de aviones incesante que vemos, a la cual cada cierto tiempo se le acopla un barco de notables dimensiones, que fondea para realizar su trasvase.

Imaginemos una catástrofe, pérdida de combustible sobre la costa. Un fallo que nadie esperaba. Unas maniobras de descarga, un hundimiento que genera una costa de Lanzarote turística ennegrecida, una Isla de Lobo cubierta, con una playa de Corralejo de fondo, muerta para mucho tiempo.

Imaginemos... ¿quién al final sería el responsable? : Aena, El Gobierno de Canarias, Los Cabildos de las islas, La Junta de Obras del Puerto, el Alcalde de San Bartolomé o la población de las Islas.

Imaginemos... ¿quiénes serían los perjudicados?.

Ante de que ocurra la rotura del cántaro, se debería DEBATIR que sí:
  • ¿Hay alguien que piense?
  • ¿No costaría menos enlazar el Aeropuerto con el Puerto como en países civilizados?
  • ¿El motivo podría ser los costos en tarifas portuarias?
  • ¿No se debería impedir el paso a la población o el estar en la cercanías, en las operaciones de descarga?
  • ¿Existen medios en Lanzarote para paliar un accidente de este tipo? y ¿Cuanto tardaría en llegar esos medios desde Gran Canaria ante el desastre?

lunes, 17 de agosto de 2009

El Baño TEMPLADO

EN ISLA DE LOBOS

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