viernes, 28 de agosto de 2009

Vieja Reina del Mar


Soy Morena la de la escalera. Vivo feliz dentro de ella. Es mi casa.

Rompen las olas con fuerza sobre el muelle, en pleamar completamente sumergida tengo mi descanso asegurado y puedo vivir como la vieja reina de La Graciosa que soy. Pero me gusta cuando la línea del mar va dejando entrever el horizonte en su movimiento; veo todo el río con Lanzarote al fondo, el pueblo con sus casas blancas de paredes gruesas, refugio de pescadores, y sobre todo oigo cosas que me apasionan y me hipnotizan.

De noche pequeñas luces, desde el mar en movimiento y desde las casas fijas, destellan; sonidos de motor que las alimentan se oyen amortiguados por el oleaje que bate con fuerza sobre la piedra; de resto la calma es total, la luna cuando aparece, siempre majestuosa.

Es durante el día donde los sonidos me cautivan. Casi ni asomo la cabeza. Me quedo quieta, concentrada y atenta a todos ellos. Son sonidos muy variados. Me encantan cuando hablan, gritan, ríen, entonan canciones o se oye música cercana.

Mi escalera está situada cerca de la punta del muelle de Pedro Barba. Se concentra toda la vida del pueblo cerca de mi casa. Los niños juegan, los padres pasean y todos contemplan a los pescadores enfilados, con sus baldes y capturas. Todos hablan, todos se bañan, algunos pasan muy cerca de mí. Podría tocarlos si quisiera, pero me da miedo.

La música es mi pasión. Un día una vieja, vecina del pueblo, que cuidaba a su nieto, cantó una canción. Los acordes me hicieron salir de mi cueva y dirigirme obligada al lugar en donde surgía. Vi su pasión. Saqué la cabeza del mar y moví todo mi cuerpo. ¡Qué eléctrico momento! Quedé completamente apasionada.

Tuvo que haber testigo del hecho. Ahora Santiago el pescador, me canta a diario. Se pone cerca y me arrulla. He prometido ser fuerte y no salir a su canto. Espero que no lo haga junto con la vieja Amparo.

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